
Aquí en mi Pirque, en este pueblo mío
el silencio anclado en las raíces de las flores
reina como espectro taciturno.
Sólo los pájaros abren brechas, irreverentes,
en la tela oscura del silencio nocturno.
Aquí son bienvenidas las golondrinas,
ellas pían despacio para no despertar
a los botones de oro adormecidos.
Nada los acaricia, Nada los mece
y aunque el viento errabundo les trae las noticias
de la vida allá afuera
ellos callan sus voces mezclando sus perfumes
al pálido reflejo de la fuente.
el silencio anclado en las raíces de las flores
reina como espectro taciturno.
Sólo los pájaros abren brechas, irreverentes,
en la tela oscura del silencio nocturno.
Aquí son bienvenidas las golondrinas,
ellas pían despacio para no despertar
a los botones de oro adormecidos.
Nada los acaricia, Nada los mece
y aunque el viento errabundo les trae las noticias
de la vida allá afuera
ellos callan sus voces mezclando sus perfumes
al pálido reflejo de la fuente.

